¿Cómo se convirtió George Soros en objeto de odio de la ultraderecha? | Documental BBC
Más de 30 mil soldados del ejército USA, centenares de oficiales de los órganos de seguridad e inteligencia y policías resguardaron la capital norteamericana tratando de impedir hechos violentos y una confrontación armada que pudiera impedir el acto de juramentación del nuevo presidente electo Joe Biden el 20 de enero. Ni el 9 de septiembre de 2001 se protegió tanto a Washington DC. ¿Por qué?
En realidad en los medios de comunicación hay muchas especulaciones sobre que toda esa cantidad de tropas más bien jugarían un papel a favor de Trump, muy contrario al que se suponía debían cumplir para asegurar el acto. O que esa enorme cantidad de tropas combatiría a las unidades especiales del mismo ejército que intentaran impedir la juramentación. Las teorías de conspiración y la paranoia demócrata están en su punto. Eso le ha dado mucho rédito político.
Aun se esperan más brotes de violencia aun después que Trump se ha marchado, sobre todo en muchas ciudades por todo el país donde las organizaciones pro Trump tienen supremacía sobre las minorías étnicas. Las cosas no volverán a ser mejor que antes.
Contradicciones insalvables
El ruido es mucho y las expectativas de un show que aún no termina se incrementan cada día que pasa. La realidad es que estamos presenciando el cierre y traslape de otra etapa en la instauración de las élites de poder económico-financiero sobre el pueblo norteamericano con el uso de los dos partidos principales como actores principales del drama político.
La militancia sandinista tiene que estar clara que hay un proceso inevitable e irreversible de desgaste, división y confrontación interna en EEUU en la coyuntura internacional. No solo se trata de creer o no si habrá guerra civil. Se trata de entender que las causas de su desgaste e disfuncionalidad de su sistema político no se superan y muy al contrario se profundizan con mayor rapidez.
Andrei Amalrik, un disidente soviético presentó en 1970 un ensayo titulado “¿Sobrevivirá la Unión Soviética a 1984?”. Nadie le tomó en serio, pero la URSS colapsó en 1991, siete años después de aquél año pronóstico. Solo con ese ejemplo no es difícil entender que como están las cosas en EEUU, hoy día no es imposible que pasen de la Guerra Política Electoral a la Guerra Civil.
El escritor estadounidense Thomas W. Chittum publicó en 1997 su libro “Civil War II: The coming breakup of América” (La Guerra Civil II: La próxima ruptura de Norteamérica). Ha servido como base para el seguimiento de indicadores claves para comprobar su posibilidad.
Chittum fundamentó su obra en las causas diversas de la guerra civil en EEUU (1861 a 1865) y con su experiencias como mercenario en la guerras de Vietnam, Rodesia y Croacia. Sobre todo en las últimas dos donde el factor étnico-racial es uno de los causales mayores. Él pudo comprobar cómo un país como Yugoslavia socialista había crecido y desarrollado una unidad multicultural e interétnica y de enorme prosperidad económica envidiable para Europa entera. Sin embargo, las fuerzas centrifugas y centrípetas tienen su peso y conllevaron a resultados inimaginables.
El autor pronosticó con elementos irrefutables la posibilidad de esta guerra para el año (pasado) 2020. En 1997 era una especie de locura pronosticar una situación así en EEUU porque apenas había triunfado en la Guerra Fría y se erigía como potencia mundial sin adversarios capaces de desafiar su hegemonía y supremacía global. Hoy es más que creíble. Pero si vemos que siete años de error fue la predicción de Andrei Amalrik en el caso del derrumbe de la URSS, merece pues flexibilizar los esquemas y aceptar la posibilidad del colapso yanqui.
El rastro de las elecciones
En abril de 2020, como un ejercicio de lo que ocurriría más tarde en caso de perder las elecciones en noviembre, Trump alentó protestas de derecha contra las restricciones impuestas por gobernadores para bajar la curva de contagio de coronavirus, llamando por Twitter a “liberar” diferentes Estados. Cientos de manifestantes bien armados entraron días después al capitolio de Michigan, (conocido como uno de los Estados que tradicionalmente son muy disputados en las elecciones) para reclamar la reapertura de la economía.
Estas son algunas fechas clave:
24 de mayo del 2020 Trump tuiteó “Estados Unidos no puede tener todas las votaciones por correo. Será la Elección Amañada más grande de la historia…están intentando usar el Covid-19 para esta estafa”. Trump sabía, que la pandemia ya no estaba bajo el control de su gobierno, sino que la industria farmacéutica estaba bien metida en esta trama.
25 de mayo del 2020 la policía asesinó al afroamericano George Floyd en la ciudad de Minneapolis, Minnesota. Las protestas de corte racial en varios Estados y ciudades y la respuesta de la ultraderecha blanca supremacista generaron un incremento de la división y confrontación racial en el país. Se vio con claridad otro nivel de contienda política. Por eso se debe de entender que el choque interracial con todas las características de “Golpe Suave”, que provocaron y condujeron los demócratas con el asesinato de George Floyd y otros afroamericanos más, fue para garantizar a su favor al electorado de las minorías étnicas (latinos, negros y asiáticos) en las elecciones de noviembre de 2020. Hoy la suma de estos y otros factores nos ayuda a entender mejor sobre el sonar de los tambores de guerra en ese país.
30 de julio del 2020 Trump insinuó retrasar las elecciones. “Con el voto por correo universal (no el voto por ausencia, que es bueno), 2020 será la elección más INEXACTA y FRAUDULENTA en la historia. Sería una gran vergüenza para Estados Unidos. ¿Retrasar las elecciones hasta que la gente puede votar adecuadamente, con seguridad?”. Además, en dos ocasiones Trump insinuó que no entregaría el poder y podría no ser pacifico el resultado de las elecciones. Biden aseguró públicamente que Trump se quería robar las elecciones y el ex precandidato demócrata Bernie Sanders expresó que Trump no entregaría el poder. Esa fue la tónica general hasta septiembre.
18 de septiembre de 2020 como en cualquier serie televisiva (como “House of Cards”, “Scandal” o “Designated Survivor”), que trata sobre intrigas de poder en el gobierno norteamericano, el “repentino fallecimiento” de la jueza Ruth Bader Ginsburg puso en seria disputa el control de la Corte Suprema a favor de cualquiera de los dos partidos que lograra que su candidato la sustituyera. En la estrategia de Trump, la Corte Suprema jugaría un papel decisivo para revertir el triunfo de electoral de Joe Biden.
26 de octubre, el Senado confirmó a Amy Coney Barrett, nominada por Trump para magistrada de la Corte Suprema, por una votación de 52 a 48. Barrett garantizaba la correlación de fuerzas a favor de Trump de 5 a 4 votos en la Corte Suprema. Ahí debería ir la disputa electoral en caso de perder contra Biden.
En esta primera etapa Trump se “anticipó a la derrota segura”. Trump estaba más que claro, que el mal manejo de la Pandemia y el aumento del desempleo, entre otros males, lo llevarían a la derrota. Por eso se aseguró de anunciar de antemano las posibilidades de un fraude masivo vía el voto anticipado por correo y amenazó que si se consumaba, habría brotes de violencia. De ahí que una de las estrategias de campaña de Trump fuera instruir y propiciar el voto masivo solamente el día de las elecciones.
El resultado electoral
Tras las votaciones del 4 de noviembre, los medios corporativos de comunicación anunciaro la victoria del Partido Demócrata con 306 votos del Colegio Electoral a favor de Joe Biden contra los 232 votos obtenidos por los republicanos. Entonces, Donald Trump anunció con firmeza que los resultados anunciados por los medios, opositores a su gobierno, “eran parte de un proceso demasiado amañado” y que por lo tanto desconocía la victoria de su rival demócrata.
Trump detuvo la celebración de victoria a favor de Biden, oficializó su denuncia de fraude masivo durante los comicios y anunció que no reconocería los resultados hasta que el último voto se recontara. Trump aseguró que había ganado con 74 millones de votantes y que había impugnar los resultados en varios Estados. Para eso, dispuso de un ejército de abogados y especialistas en sistemas de votación cuyo objetivo era suspender la certificación de los resultados a favor de Biden.
2 de diciembre En un discurso, Trump anuncia que “estoy decidido a proteger nuestro sistema electoral, que ahora se encuentra bajo asalto y asedio coordinados”.
Los sistemas y programas de cómputos involucrados en el fraude que denunció Trump, nos permiten entender qué es la guerra cibernética. Red Hummer, Dominium y ScoreCard, y SolarWind, entre otros, que van desde el espionaje de candidatos hasta la manipulación de la de votos, el bloqueo de la transmisión de resultados al público y hackeo electrónico. Inclusive –como en los clásicos de Tom Clancy– se habla de soldados norteamericanos caídos en combate contra oficiales de la CIA en una operación de recuperación de servidores en un país europeo. También sobre el nexo de los Clinton (el expresidente Bill y su esposa Hillary) con empresas administradoras de estos programas, que a su vez tienen relación con China. Todos estos programas están siendo auditados y no terminará este proceso aun a largo plazo.
Trump quiso y no pude revertir el resultado
7 de diciembre Trump anunció que algo grande sucedería. Ese mismo día Lyle Biedermann, legislador republicano del estado de Texas presentó una propuesta de ley que permita un referéndum para que los votantes emitan sus votos sobre si se “separan de Estados Unidos”, alegando que “el gobierno federal está fuera de control y no representa los valores de los tejanos. Es por eso que me comprometo a presentar una legislación en esta sesión que permitirá un referéndum para dar a los tejanos un voto para que el estado de Texas reafirme su estatus como nación independiente”.
9 de diciembre Trump solicitó a su correligionario el senador Ted Cruz que presente como Estado una demanda de 39 páginas ante el republicano Ken Paxton, fiscal general de Texas, para invalidar las elecciones en varios Estados en disputa como son Pensilvania, Georgia, Michigan y Wisconsin. La base de esta demanda es que las leyes electorales fueron modificadas en esos Estados no por la Constitución sino por una situación de emergencia como la pandemia del Covid-19, lo que les facilitó el fraude a los demócratas.
El fiscal de Texas presentó ante la Corte Suprema Trump la demanda y estableció, “que la división resultante entre los estadounidenses es comparable al clima en Estados Unidos en vísperas de la Guerra Civil”.
10 de diciembre. 17 Estados y más de 100 miembros de la cámara republicana firmaron un documento de apoyo a la demanda de Texas en función de revertir los conocidos resultados electorales. Siguiendo la estrategia de Trump, el nefasto senador republicano Marco Rubio, de Florida, expresó: “un asunto de esta magnitud, es mejor que la Corte Suprema tome una decisión sobre si tomará o no el caso basándose en la Constitución”.
13 de diciembre. Trump inició la distribución masiva a nivel nacional de la vacuna contra el Covid-19. Era lógica la razón de beneficio político a corto y mediano plazo para ganar apoyo de la opinión publica en su lucha post electoral. También fue una acción a favor de la rama de la industria farmacéutica del Deep State que recibiría 1.4 billones de dólares una vez que el Congreso lo aprobara para el alivio de la pandemia, un hecho que bien pasó desapercibido gracias al escándalo y la crisis electoral.
Al 14 de diciembre se debía haber avanzado en “procurar revertir la votación del colegio electoral el 14 de diciembre”, ya que muchas acciones fueron implementadas por los republicanos como: Interponer demandas por la vía civil en las cortes estatales y continuar la revisión de equipos y programas utilizados aun cuando en muchos de los estados impugnados se logren certificar. No prosperando ninguna, faltaba entonces subir la presión.
El golpe de Trump en el Capitolio
5 de enero. Los republicanos pierden en segunda vuelta las elecciones en Georgia por dos curules en el Senado, perdiendo la mayoría en la cámara alta. De nuevo la fórmula de utilización de la carta afroamericana y judía les dio resultados electorales positivos a los demócratas.
6 de enero. Por algunas horas, los partidarios de Trump logran impedir que el congreso certificara la votación del Colegio Electoral con una manifestación en la capital y la incursión al Capitolio. Pero sin importar si el Colegio Electoral falló a favor de Biden o si otras tácticas no lograron éxito, como la solicitud de una investigación extensa y una auditoria de 10 días: Trump obtuvo una victoria política:
Para muchos, el destino de Trump está consumado, pero en la estrategia del magnate republicano esto es apenas la apertura de una nueva etapa destinada a debilitar al gobierno de Biden en los próximos cuatro años y hasta de lograr su retorno en las elecciones de 2024. En su despedida como presidente prometió “regresar de alguna forma”. Trump no perdió, sino los republicanos.
8 enero. Como rama del “Gobierno Profundo”, Twitter se dio el lujo de cerrarle de manera permanente la cuenta a Trump, en ese momento el presidente de EEUU, demostrándole que el Deep State gobierna sobre los políticos norteamericanos, sobre la constitución y sus libertades.
12 enero, los republicanos comienzan a unificar más sus posiciones alrededor de Trump. Ante la insistencia de los demócratas, Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, rechazó activar la 25ª enmienda de la Constitución para apartar a Trump de la presidencia antes de que expire su mandato. En una carta remitida a la demócrata Nancy Pelossi, presidenta de la Cámara de Representantes, Pence declaró: “no creo que ese curso de acción sea en el mejor interés de nuestra nación o consistente con nuestra Constitución”.
13 enero La Cámara de Representantes aprobó por 232 votos frente a 197 la resolución para acusar al presidente de “incitación a la insurrección” por los violentos sucesos de la semana pasada en el Capitolio. De igual manera fue notable la cantidad de miembros republicanos de la Cámara que no aceptaban la resolución de impeachment lo que denota que la batalla futura de los republicanos está asegurada y ya no será por Trump, sino por la sobrevivencia del mismo partido.
Dictadura bipartidista
Desde el 6 de enero la situación política, interracial y de amenaza militar a lo interno de EEUU se ha disparado. Sobre todo, muchos entienden la toma de posesión de Joe Biden como presidente no cierra el ciclo Trump, sino que abre una nueva etapa, aún más peligrosa. Los demócratas quieren inhabilitar política a Trump y ya se pronostica la muerte “repentina” de Biden para que el grupo de Hillary Clinton y Soros asuman el gobierno de EEUU con Kamala Harrys de peón.
Hay que admitirlo: independientemente de que fracasó la estrategia de Trump para frenar su salida de la Casa Blanca y que todas las especulaciones no se cumplieron, estas elecciones han marcado el aceleramiento de las profundas contradicciones internas en EEUU que tarde o temprano los puede llevar a un enfrentamiento militar a lo interno. Trump no asistió al acto de juramentación de Joe Biden como presidente de EEUU, con el propósito de sembrar su convicción de que hubo un fraude electoral.
En todo caso hay que permanentemente recordar a los sicarios locales, contratados por los órganos de inteligencia de Estados Unidos, todo lo que hizo Trump para denunciar que fue víctima de un fraude electoral. ¿Quién puede afirmar que el sistema electoral yanqui es ejemplar? ¿o que realmente en EEUU hay democracia?
Corresponde pues continuar el seguimiento y estar vigilante porque quienes conforman el gobierno de Biden ahora son los mismos que estuvieron durante la administración Obama y el mundo sufrió demasiado con su política exterior de agresión y despojo.
En todo caso para nosotros es importante –sobre todo en este año electoral– dejar bien claro y siempre subrayar, que no hay tal democracia en EEUU como explicaba en su mensaje del Presidente-Comandante Daniel el 11 de enero pasado: “En Estados Unidos tienen sus contradicciones y hemos visto cómo se ha polarizado la Sociedad norteamericana con las últimas Elecciones. Y nosotros podríamos decir, pareciera, por lo que está pasando que el sistema electoral de Estados Unidos demanda de reformas profundas. Han vendido la idea de la «perfecta Democracia», cuando realmente es una Dictadura Bipartidista que está determinada por el poder económico, por el poder de las grandes empresas que son las que se encargan de fabricar cañones, medios aéreos, todo en función de la carrera armamentista”.
Manuel Espinoza J. (*)
Desde la independencia de las 13 colonias en 1776 hasta La guerra hispano-estadounidense en 1898 y la guerra filipino-estadounidense de 1899-1902, los Estados Unidos alcanzaron el espacio territorial que hoy conocemos. Su voracidad por el dominio de nuevas tierras y nuevos espacios están bien definidas en su corolario de doctrinas de política exterior y geopolítica.
En su afán del dominio de América Latina, la más conocida es la Doctrina Monroe promulgada en 1823. Esta tuvo dos niveles de desarrollo: primero, evitar el dominio europeo en el hemisferio occidental; segundo, la extendieron para impedir a cualquier otra potencia del mundo.
El resto de doctrinas de política exterior, desde las más antiguas como “La de las Cañoneras”, “La del Gran Garrote”, “la del Buen Vecino”, “la Diplomacia del Dollar” hasta las más recientes, se subordinan a la Doctrina Monroe; estas se aplican en tiempo y forma según su necesidad imperialista en el hemisferio.
También hay teorías y doctrinas de corte geopolítico como la teoría de “las Fronteras Móviles” y “de Ventanas y Puertas Abiertas” de Frederick Jackson Turner, la del “Imperio Norteamericano” de Brooks Adams y la del “Poder Marítimo” de Alfred Mahan, que vienen a reforzar la mal llamada Doctrina Monroe a nivel global.
En el caso de la teoría de “las Fronteras Móviles” y “de Ventanas y Puertas Abiertas”, la lógica es sencilla. “Las fronteras deben ser abiertas a los intereses de dominio USA en el globo y hay Estados que deben servirles de ventanas y puertas para la penetración a las diversas regiones y continentes en su afán de la construcción de las Balanzas de Poder”.
La Doctrina de Mahan del poder marítimo se basa en la flota militar, en la flota mercante y bases marítimas militares en todo el mundo. En función del aseguramiento de su comercio global y la rápida respuesta a cualquier levantamiento en la aldea global. Con más de 800 bases en el planeta, el Pentágono es el terrateniente más grande del mundo. Tienen extensas zonas de territorio dentro y fuera de los EEUU que han comprado o alquilan.
Prácticamente desde 1776 hasta 1959 los norteamericanos habían logrado expulsar a las principales potencias europeas que en un determinado periodo dominaron parte del continente por separado. Es el triunfo de la revolución cubana de 1959 que viene a minar todo el andamiaje doctrinario de política exterior y geopolítico norteamericano.
Con la revolución cubana entra a América Latina la Unión Soviética (URSS) y hasta 1991 se logró crear una red política e ideológica de los pueblos de América Latina en contra de la Doctrina Monroe, y entre los más destacados logros de la última etapa es la triunfante la Revolución Popular Sandinista en 1979.
Si bien es cierto que el peligro para los intereses hemisféricos de la Doctrina Monroe era la presencia de potencias foráneas, a lo que ellos vulgarmente califican como “su patio trasero”, con la revolución Bolivariana de 1998, siete años después de la caída del campo socialista, los norteamericanos con gran susto ven surgir desde la misma América del Sur un nuevo y mayor desafío. Sobre todo, por la inmensa cantidad de recursos estratégicos existentes en Venezuela.

A partir de ahí la llegada al poder de la izquierda política latinoamericana se hace con mayor frecuencia como chispas en El Salvador, Ecuador, Brasil, Argentina, Bolivia, y México. Esta es la respuesta histórica autóctona regional a la dominación política norteamericana. Es una nueva etapa en la lucha contra el mandato gringo.
Prácticamente las tres revoluciones continentales triunfantes en Cuba (1959), Nicaragua (1979) y Venezuela (1998) han enfrentado la forma más violenta del imperialismo norteamericano en el continente, pero aún sobreviven triunfantes.
Estas tres revoluciones abrazan la idea de la unidad latinoamericana de Simón Bolívar, el Libertador de América, José Martí y A.C. Sandino. Lo que las hace trabajar en función de objetivos claros y contra el dominio norteamericano en el continente. Prácticamente constituyen la base fundamental de la política exterior de estas tres revoluciones.
Si a esta fortaleza le agregamos la lógica de la teoría geopolítica de Halford Mackinder, conocida como “Heartland”, el destino manifiesto del declive norteamericano en Latinoamérica en las condiciones actuales está asegurado.
En otras palabras, Mackinder habla de zonas geopolíticas del planeta que ejercen enormes cambios en todo el sistema global. Mackinder sitúa a Heartland desde el río Volga hasta el río Yangtze y desde la Himalaya hasta el Artico, prácticamente lo que en su tiempo fue el imperio ruso y luego el imperio soviético. Fundamentalmente Heartland define que “quien domine Europa Oriental domina Heartland; Quien domina Heartland domina la Isla Mundial; quien domina la Isla Mundial domina el Mundo”.
En términos coyunturales ese dominio de Heartland (Euro-Asia) del que supone Mackinder no es más que el poderío nuclear, económico y tecnológico que posee Eurasia a la luz de la alianza estratégica entre Rusia y China por destruir al máximo el poderío global norteamericano, no hay mejor sitio indicado para esto que Latinoamérica.
Si a esta noción de Euro-Asia se la agrega la propuesta doctrinaria de Rusia de la construcción y creación de la Gran Euro-Asia que incluye a la India, más China, Rusia, Mongolia y Kazajistán u otros más de Asia Central, de nuevo podemos entender que un final no feliz en los juegos de poder de los norteamericanos en el hemisferio les espera. Solo es esa región se concentra más de la mitad de la población del planeta.
La batalla por Venezuela está planteada y en curso y le corresponde a la Latinoamérica Bolivariana enfrentar la rapacidad yanqui con la furia bolivariana, lo que desde ya proyecta toda una guerra prolongada a nivel continental.
Tanto China y Rusia han venido expresando su firme apoyo político, económico militar y comercial hacia Venezuela a través de un sinnúmero de acuerdos de carácter estratégico de asistencias recíproca, lo que hace muy complejo cualquier aventura de la administración Trump en contra de la revolución chavista, más aún cuando China acaba de ganar la Tercera Guerra Mundial sin disparar un solo tiro. Las guerras modernas ahora son mucho más complejas y sofisticadas que las que pudimos conocer hasta hace poco en Medio Oriente.
El golpe a la economía norteamericana producto de la pandemia del Covid-19 los ha metido en una de las más profundas recesiones económica que los EEUU y el mundo hayan conocido. El tal proclamado liderazgo norteamericano en el mundo y en el continente se vino abajo. Demostraron con la pandemia que los EEUU no han sabido demostrar el verdadero rol de un hegemón.
Un hegemón es aquella potencia que tiene la capacidad de asegurar y garantizar la seguridad y la supervivencia de sus aliados, y esto no se ha visto en ningún punto del planeta y hoy los norteamericanos son los grandes ausentes. De nada les ha servido tener el ejército más poderoso del mundo, dotado con el presupuesto militar más costoso y el armamento más sofisticado y moderno.
Sin embargo, la ferocidad de los EEUU y sus ambiciones de construir un sistema unipolar con sus reglas y métodos, no han acabado. Tanto Trump como el poder oculto gringo urgen de una guerra donde el botín sea el petróleo venezolano o iraní y le sirva de amortiguación a la depresión que se les viene encima.
Pero esa misma obsesión al despojo de los pueblos es parte de su ruina a la vuelta de la esquina en el tiempo de o post pandemia. La batalla continua, pero no se debe renunciar a ella pues su declive moral, político e ideológico está planteado y no es una abstracto.
Desde 1776 hasta 1959 trascurrieron 182 años de validez casi total de la Doctrina Monroe. Desde 1959 a la fecha han transcurrido 61 años donde su validez es seriamente fracturada por tres revoluciones en Cuba, Nicaragua y Venezuela y la presencia activa de Rusia y China en el hemisferio. ¿De qué validez de la Doctrina Monroe se habla entonces?
(*) Especialista en Relaciones Internacionles
17 jul 2017This is a “For Official Use Only” 2006 training video produced by the Defense Intelligence Agency (DIA) about the case of Ana Belen Montes, a Cuban spy who rose to become DIA’s top analyst for Cuban affairs. Montes was trained by Cuban intelligence in polygraph countermeasures and passed a DIA polygraph screening “test” while spying for Cuba. Regarding the Montes case and DIA polygraph policy, see “Ignoring Science After Cuban Spy Ana Belen Montes Beat the Polygraph, DoD IG Recommended More Polygraphs”: