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ESPINOZA: “Rusia y la OTAN están cerca de una guerra total. La situación es análoga a la II GM”

ESPINOZA: “Rusia y la OTAN están cerca de una guerra total. La situación es análoga a la II GM”

Manuel Espinoza, director del Centro Regional de Estudios Internacionales se centra en la situación política y social de Israel, especialmente en relación con la gobernanza de Netanyahu y las tensiones internas y externas que enfrenta el país. Señala que el “plan del gran Israel” enfrenta limitaciones prácticas, como la escasez de población suficiente para poblarlo, lo que pone en duda la visión de liderazgo a largo plazo que algunos podrían imaginar. La expectativa de un dominio prolongado o estable, equiparable a un “tercer rey” que duraría mil años, es presentada como irrealista.

Espinoza describe una implosión interna en Israel, que podría generar problemas graves para el gobierno y para la administración de Netanyahu y su círculo cercano. Esta situación se suma a las políticas de limpieza étnica y cultural en Gaza, que, aunque pueden avanzar temporalmente, no logran alcanzar los objetivos planteados de manera completa. Señala que, incluso si se logra desplazar a cientos de miles de personas, las consecuencias van más allá del territorio y afectan la percepción y dinámica internacional.

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Ucrania ¿la suerte está echada?

Publicado por Dr. Suarez Saponaro

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El mundo tuvo sus ojos puestos en la ciudad de Anchorage, en el estado de Alaska, Estados Unidos. El presidente Donald Trump de Estados Unidos y su par ruso, Vladimir Putin, se sentaron a dialogar sobre la guerra de Ucrania. Los grandes ausentes de este proceso: Ucrania y la Unión Europea. Desde el punto de vista simbólico, el Kremlin, obtuvo una victoria… que Washington dialogará de igual a igual con Rusia.

Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Especial para LA POLIS. Desde Buenos Aires

La reunión entre los jefes de Estado de Rusia y Estados Unidos se llevó a cabo en Fort Richardson y se estima que duró unas tres horas. El presidente Trump señaló que lograron “grandes avances” pero el ansiado alto el fuego en Ucrania no fue alcanzado. El líder estadounidense dio un claro mensaje a Kiev y Bruselas, que no “ponga piedras en el camino” ni “hagan provocaciones”. El presidente Zelensky de Ucrania, hizo un llamado para alcanzar una paz justa y poner fin a la guerra. Trump dejó en claro que no negociaría en nombre de Kiev y en el caso de negociar intercambios territoriales, era una cuestión entre Ucrania y Rusia. Escenario que el gobierno ucraniano rechaza de plano con apoyo de la UE, especialmente de Francia, Alemania y Reino Unido.

La cuestión del alto el fuego, el presidente Trump responsabiliza al presidente ucraniano. Entendemos que un mecanismo de presionar a Kiev para sentarse a la mesa de negociaciones. Este es el escenario que busca la Casa Blanca, para mostrar su liderazgo en la solución del conflicto. Esto se inserta en una cuestión ideológica, donde el nacionalismo trumpista busca revitalizar el concepto de “estado – nación” frente al globalismo y planteando un nuevo enfoque de las relaciones internacionales de Estados Unidos. Postura que se remonta a la polémica que hubo en torno al candidato conservador Pat Buchanan, cuyas ideas retomó Trump veinte años después.  Desde su perspectiva, el liderazgo de Estados Unidos en el mundo está decayendo, abriendo las puertas al abuso por parte de aliados y adversarios. Asimismo, ha sido un duro crítico de las intervenciones en el exterior, especialmente en Afganistán (donde lideró la retirada de Estados Unidos y el triunfo talibán) e Irak.  La Casa Blanca bajo la administración “trumpista” se apega al concepto de realismo en materia de política exterior, donde prevalece por, sobre todo, la seguridad e intereses. Hay un cuestionamiento al orden internacional basado en valores e instituciones – por ejemplo, la ONU es eje de duras críticas – y sostienen que las grandes potencias mundiales buscarán de manera inevitable, establecer sus propias zonas de influencia. El reconocimiento y la consideración de Trump por la oposición de Rusia a la adhesión de Ucrania a la OTAN pueden interpretarse como un reflejo de este enfoque por parte del propio jefe de estado estadounidense. Cabe destacar que el “trumpismo” rechaza de plano el wilsonianismo o internacionalismo liberal de Wilson, que marcó a la política exterior de Estados Unidos, en particular los tres principios o ejes de dicha corriente: la concepción legalista del orden internacional (eje legalista); el multilateralismo institucionalizado (eje multilateralista o institucionalista); y la defensa de la democracia en el mundo (eje democrático).

Trump aboga por un orden internacional basado en el poder y no en el Derecho Internacional. Considera el mismo tiene en la política exterior y la política internacional un papel de regulación mínima entre estados. Existe una aversión clara al multilateralismo y esto queda reflejado en la actitud que tiene el presidente norteamericano con Zelensky y la Unión Europea.  El nacionalismo de Trump, no tiene lugar para el derecho internacional, que está por debajo de su concepción de soberanía. En otras palabras, no cree en las instituciones internacionales, ni que pueda existir un ordenamiento superior al concepto de Estado. Sin ninguna duda una visión muy diferente que tienen los aliados de Estados Unidos en Europa. El concepto de “America First” conduce al unilateralismo, agregándose una narrativa por la reivindicación de la política exterior de Estados Unidos de fines del siglo XIX, que sirve de sustento para fuertes inversiones en el campo militar y también para movilizar la opinión pública doméstica.

La alianza China y Rusia está fuera de discusión.

La experiencia empresarial de Trump, impacta en las decisiones políticas, que son de carácter “transaccional” y esto se traduce en la política internacional. Generalmente parte de una propuesta radical, rozando la amenaza, como punto de partida en sus negociaciones. Los ejemplos evidentes, la cuestión de Groenlandia para evitar la influencia china y el Canal de Panamá, que quedó en manos la gestión de sus puertos de una empresa de Estados Unidos. La “teoría del loco” aplicado en su momento por Nixon, es empleada por Trump, explotando su carácter imprevisible para desorientar a propios y ajenos, y estar una mejor posición a la hora de negociar. Zelensky lo vivió en carne propia en un encuentro que dio la vuelta al mundo.

Los aspectos centrales de la cumbre Trump Putin en Alaska.

El presidente Putin, como Trump, no dieron detalles de la reunión como de los puntos discutidos en la reunión, solo hablaron en términos generales. El líder ruso señaló que las conversaciones fueron “constructivas”. En la reunión participaron Trump por su jefe de la diplomacia, el Secretario de Estado, Marco Rubio y el enviado especial para Rusia, Steve Witkoff, y Putin por el titular de Exteriores del Kremlin, Serguéi Lavrov y el consejero diplomático Yuri Ushakov.  En la rueda de prensa, Trump señaló «Llamaré a la OTAN dentro de un rato, llamaré a las personas que considero oportunas y, por supuesto, llamaré al presidente Zelenski para informarles sobre la reunión de hoy. En última instancia, la decisión depende de ellos».

El presidente ruso en la conferencia de prensa, luego de la reunión con su par estadounidense, hizo hincapié en la vecindad de ambos países y los lazos entre Estados Unidos y Rusia, destacando la ayuda de Washington en la Segunda Guerra Mundial. Sobre dicha “herencia” el presidente Putin señalo que “nos hará construir vínculos mutuos beneficios (…) incluso en este momento, hasta en las peores condiciones”.  En el discurso del líder ruso, podemos destacar los siguientes aspectos:

  • Destacó los altibajos en las relaciones entre ambos países, señalando la importancia de restablecer el diálogo y la buena sintonía en las conversaciones con su par norteamericano.
  • La guerra de Ucrania es una tragedia, resaltó el origen común con Rusia.
  • Destaca que ambas partes quieren poner fin al conflicto
  • Necesidad de eliminar las raíces principales del conflicto.
  • Establecer un acuerdo de seguridad, restableciendo un equilibrio, que incluya a Europa y todo el mundo.
  • Coincidencia sobre la necesidad de establecer garantías de seguridad para Ucrania.
  • Voluntad para un camino para alcanzar una paz duradera, siempre y cuando la Unión Europea y Ucrania: “Espero que el acuerdo al que hemos llegado juntos nos ayude a acercarnos a ese objetivo y allane el camino hacia la paz en Ucrania. Esperamos que Kiev y las capitales europeas lo perciban de manera constructiva y no pongan trabas al proceso.”
  • Destaca si en 2022, si Trump hubiera sido presidente, la guerra de Ucrania se pudo haber evitado.
  • Abrir el diálogo para la cooperación económica y tecnológica, señalando que existe un enorme potencial en materia de inversiones, especialmente en el Ártico y el Lejano Oriente ruso. Ante de ello hay que “dar una vuelta de página”.

Asimismo, Putin invitó a Trump a Moscú, quién le contestó: “»Que interesante (sonrisa) me tomó de sorpresa, quizás sea”. En cuanto al presidente estadounidense, señaló que la reunión con su par ruso, que hubo avances importantes en las conversaciones, siempre en buena sintonía, a pesar de los intereses encontrados entre las partes. El presidente estadounidense dijo que las negociaciones están encaminadas alcanzar importantes acuerdos, asumiendo la responsabilidad de comunicar los resultados de la reunión al presidente ucraniano Zelensky y a los aliados de la OTAN. Destacó el potencial en materia de negocios e inversiones, y señaló que tiene una “relación fantástica” con su par ruso. Existen “buenas oportunidades” cuando “esto se acabe (guerra)” agregando que “tenemos grandes oportunidades, no lo logramos hoy, pero estamos en el camino” en referencia que no hubo un acuerdo definitivo sobre la guerra de Ucrania.

La cumbre significó para Rusia, una victoria política. Dicho país rompió con el aislamiento internacional y Putin logró que Estados Unidos mantuviera excluido de las negociaciones a Ucrania, logrando el estatus de gran potencia.  La advertencia de la Casa Blanca de aplicar sanciones en caso de no alcanzar un acuerdo sobre Ucrania, quedó sin efecto, siendo otro triunfo para el Kremlin.  El presidente Trump al parecer se mostró favorable a la tesis de Rusia de hablar de un acuerdo de paz duradero por sobre un alto el fuego.

President Donald Trump and Russian President Vladimir Putin speak Friday, Aug. 15, 2025, at Joint Base Elmendorf-Richardson in Anchorage, Alaska. (Photo by James Brooks/Alaska Beacon)

La respuesta dada por Trump a un periodista de Fox News sobre las posibles concesiones territoriales que darían a Rusia y eventuales garantías de seguridad de Estados Unidos para Ucrania: «Bueno, creo que esos son puntos que negociamos y en los que en gran medida estamos de acuerdo», constituyen una prueba que, en el futuro Ucrania, deberá aceptar cambios territoriales y realizar concesiones para alcanzar la paz. En los principales medios internacionales, trascendió que el presidente Trump les dijo a los líderes europeos, que la condición que impone Rusia para alcanzar la paz, es la cesión de la región del Donbás. Putin asumió el compromiso, en caso de aceptar sus exigencias, cesarían los ataques y mantendría las líneas de frente en el resto de Ucrania, siempre manteniendo las exigencias sobre la reducción de las capacidades militares de Kiev, el no ingreso a la OTAN y un estatuto de neutralidad.

Los jefes de estado y de gobierno del grupo Nórdico-Báltico Ocho, emitieron un comunicado como respuesta a la cumbre de Alaska: “no se debe tomar ninguna decisión sobre Ucrania sin Ucrania, y no se debe tomar ninguna decisión sobre Europa sin Europa (…) Para lograr una paz justa y duradera, el siguiente paso debe darse junto con Ucrania. Solo Ucrania puede tomar decisiones respecto a su futuro”. Asimismo, señalaron que el presidente Putin no es de fiar y que la responsabilidad de la guerra, es exclusivamente de Rusia y rechazaron cualquier veto de Moscú al ingreso de Ucrania a la Unión Europea y la OTAN. Los estados de dicho grupo asumieron públicamente el compromiso de seguir enviando ayuda militar. Un escollo para Trump, cuando busque consensos para incorporar a los estados europeos a un hipotético proceso de paz.

El presidente Zelensky planea reunirse con su par estadounidense, siendo posible que sea acompañado por un líder europeo. El presidente de los Estados Unidos, declaró que buscará una reunión con participación de líderes de Ucrania, Rusia y la nación norteamericana.  

La realidad en el campo de batalla, más allá de las narrativas de las partes involucradas, indican que las cosas no están saliendo bien para Kiev.  Es por ello que se alzaron voces favorables a la paz, cuando hasta no hace mucho, apostaron por la escalada. Ejemplo de ello, lo tenemos con el primer ministro canadiense Mark Carney, quién tiene profundas diferencias políticas con Trump, declaró sobre las negociaciones para alcanzar la paz entre Kiev y Moscú, está “creando la oportunidad de poner fin a la guerra ilegal de Rusia en Ucrania”.

El tímido acercamiento Moscú – Washington, reflejando en Alaska, no solo se inserta con la visión “trumpista” de la política internacional como señalamos anteriormente, sino como parte de una maniobra mucho más compleja, buscar de alguna manera generar fisuras en la alianza China – Rusia.  El presidente Trump considera que el principal desafío para su país lo constituye el ascenso de Pekín, la segunda economía del mundo. Es muy poco probable que el Kremlin, tome distancia de su aliado chino, que ha sido la principal válvula de escape para eludir sanciones internacionales. Putin es consciente de la dependencia generada por las sanciones internacionales y busque de manera inteligente, incrementar las fuentes de inversión, entre ellos con capitales de Estados Unidos, especialmente en el Lejano Oriente ruso, el área desde la geopolítica rusa, más vulnerable y reducir el clima de confrontación en el Ártico. En dicho espacio, Moscú impulsa una nueva ruta marítima, favorecida por el cambio climático, siendo una suerte de alternativa a las rutas controladas por China y otros actores en conflicto o competencia geopolítica con Estados Unidos y sus aliados.

¿La suerte está echada?

La decisión de Donald Trump de impulsar un diálogo bilateral con Rusia respecto a Ucrania, sin ninguna duda se conecta con la situación militar.  Existen avances en la zona de Pokrovsk, un importante nudo de comunicaciones en la región del Donbás. Las fuerzas ucranianas oponen una fuerte resistencia, pero al parecer el avance ruso continúa. Kiev tiene serios problemas de reclutamiento y reposición de pérdidas de personal. La tasa de deserciones se incrementó sustancialmente (años de guerra afectan la moral de combate). La 155ª brigada “Ana de Kiev” instruida en Francia, tuvo 1.700 desertores, de un total de 5.000 efectivos. La guerra “devoró” profesionales de carrera, que han sido reemplazados por reservistas con una formación que no es adecuada a las exigencias del campo de batalla. La dependencia del asesoramiento de los países de la OTAN es total por parte de Ucrania, dado que existen serios problemas en materia de planeamiento, gestión logística y administración.  La ofensiva sobre Kursk, en Rusia, insumió valiosos recursos, por una razón meramente política, sin resultado en el plano estratégico. Las fuerzas del Kremlin cuentan con un sistema de rotación, incentivos a voluntarios – muchos soldados provienen de minorías étnicas y con una carga de resentimiento hacia los eslavos, los hace especialmente agresivos con los ucranianos – y una amplia reserva de recursos entrenados.  La corrupción es un mal endémico, donde hubo un escándalo donde quedó al descubierto un aceitado sistema donde por dinero, muchos podían eludir ir al frente, como también los sobreprecios de los proveedores del Ministerio de Defensa ucraniano. Esto le costó en 2024 el cargo a su titular Oleksiy Reznikov y la presión abierta de la OTAN de modificar el sistema de adquisiciones y gestión logístico de las fuerzas ucranianas.

Zelensky se aferra al apoyo que brindan Reino Unido, Francia y Alemania, de negarse a cualquier concesión territorial y adoptar posturas intransigentes como la adhesión a la OTAN.  Los europeos – excepto Hungría – se muestran favorables a endurecer las sanciones contra Rusia. Esto entra en colisión con la postura del presidente Trump, siendo Estados Unidos el principal apoyo al esfuerzo de guerra de Kiev, quién está presionando para que Ucrania alcance un acuerdo. El presidente estadounidense, tiene promesas de campaña que cumplir a sus electores en materia de política exterior, donde la cuestión de Ucrania tiene un papel relevante. Trump asumió el compromiso de poner fin a la guerra, es una cuestión de prestigio personal, además, tal vez, exista el temor que Kiev en algún momento empiece a ceder aún más, dado la sangría que implica la guerra, donde claramente su frente interno está agotado y con signos de desmoralización.

La guerra es un gran negocio para poderosas corporaciones, que seguramente deben haber hecho contribuciones a muchas carreras políticas en la Unión Europea, unido al impacto que tienen las industrias de defensa en la economía de muchos países europeos al generar empleos, ante economías golpeadas por la competencia china y la “guerra arancelaria” de Trump. Seguramente existen poderosas “influencias” para que el drama de la guerra continúe.  Rusia explota con habilidad las contradicciones que hay en el seno de la OTAN y aumentar la presión sobre Ucrania. El Kremlin se ha mostrado sumamente hábil en el manejo del “tempo estratégico” o sea la gestión del tiempo enfocado a las acciones que contribuyen a la planificación y ejecución de objetivos a largo plazo: la anexión de los territorios orientales de Ucrania y evitar la incorporación de este país a la OTAN.

En el marco de este drama, observamos como las instituciones internacionales están completamente ausentes. Kiev se aferra a los europeos, que han sido marginados por Trump en las conversaciones bilaterales con Rusia. Zelensky parece no querer ver, desde el punto de vista de la Casa Blanca, no es un aliado, sino un mero peón del ajedrez geopolítico y llegado el caso, si es necesario, Washington no dudará en sacrificarlo para preservar sus propios intereses.

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Arde Nepal

Publicado por Dr. Suarez Saponaro
Analista colaborador CREI (Argentina)

La crisis estalló en este mes de septiembre, al ver como los “Nepo Kids” los hijos de altos funcionarios y políticos nepalíes en redes sociales hacían ostentación de su estilo de vida, cuando gran parte de la población está sumida en la pobreza y azotada por el desempleo. La “gota que colmó” el vaso fue la decisión del gobierno nepalí de prohibir una serie de redes sociales: Facebook, Instragram y Whatssap, llevando al “Movimiento Generación Z” como se autodenominan los jóvenes que protagonizaron la rebelión civil, a salir a las calles. En el intento de asaltar el parlamento, la policía abrió fuego y se estiman que unas 19 personas perdieron la vida. La violencia se extendió en todo el país.

Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Especial para LA POLIS. Desde Buenos Aires.

Las calles de Katmandú – capital de la nación del Himalaya – reina una tensa calma, mientras el ejército junto a la policía realizan patrullas y hay toque de queda. Los jóvenes fueron los grandes protagonistas del estallido social que costó la vida a 29 personas y la dimisión del primer ministro Sharma Oli como de gran parte del gobierno (una coalición entre el partido comunista y el centro izquierdista Congreso Nepalí).  La India sigue con atención los acontecimientos de Nepal, dado su valor estratégico y por el acercamiento que tuvo el primer ministro saliente con Pekín.

La decisión del gobierno de prohibir 26 plataformas de redes sociales, como Facebook, X, Youtube o hasta el mismo Whatssap, para “evitar la propagación de noticias falsas”, la sociedad lo interpretó de otra manera y el sector más joven de la población lo consideró una deriva autoritaria y un mecanismo para coartar la libertad de expresión.  El desempleo juvenil alcanza el 20% y la pobreza afecta a un cuarto de la población nepalí. Existe un sentimiento de frustración por la falta de oportunidades. El lunes 9 de septiembre ante la ola de indignación popular, el gobierno dio marcha atrás con la medida. La muerte de manifestantes aquel fatídico día impulsó aún más el malestar social. La sede del partido del Congreso Nepalí, aliado del gobierno, fue incendiado como la vivienda del ex primer ministro del citado signo político, Sher Bahadur Deuba, mientras una turba enardecida sacaba por la fuerza a su esposa Arzu Rana Deuba, también política y ex ministra de Relaciones Exteriores.  Los ataques vandálicos afectaron al Parlamento, un complejo de oficinas públicas y la sede de la Corte Suprema.  El caos permitió que millares de reclusos en cárceles de la capital huyeran.

Un hecho que causó conmoción y fue noticia en todo el mundo, en las horas que Katmandú fue un caos, fue el incendio de la casa del ex primer ministro Jhalanath Khanal, donde su esposa  Rajyalaxmi Chitrakar, murió después de que los manifestantes incendiaran su casa. El vice primer ministro y ministro de finanzas, Bishnu Prasad Paudel, fue perseguido por las calles por manifestantes que lo patearon y golpearon.

Gyanendra. El último rey de Nepal.

El país se encuentra sin un gobierno, existe un vacío de poder, lo que genera preocupación dentro y fuera de Nepal. Mientras tanto, los grupos juveniles (especialmente estudiantes) que encabezaron las protestas agrupados en el Movimiento Generación Z, señalaron en un comunicado: «De cara al futuro, creemos que los futuros líderes de Nepal deben estar libres de afiliaciones a partidos políticos arraigados, ser totalmente independientes y ser seleccionados en función de su competencia, integridad y cualificaciones».  En este clima de incertidumbre cobra importancia la figura del alcalde de Katmandú – Balen Shah – hizo llamados a la moderación y al diálogo nacional.

Los reclamos se centran en garantizar la libertad de expresión, donde las redes sociales juegan un rol preponderante y el fin de las prácticas corruptas.  La falta de oportunidades, obligan a millares de nepalíes a emigrar a otros países, especialmente en el Golfo Pérsico, Corea del Sur y Malasia. Se estima que unos 2.000 jóvenes abandonan por día el país en busca de mejores oportunidades fuera de Nepal.

La pobreza no solo afecta más del 25% de la población, sino que estamos frente a un país con acusados niveles de desarrollo, como evidencia el Índice de Desarrollo Humano, que coloca a Nepal en el puesto 146 de 193 países relevados (en comparación con países asiáticos, solo supera en pobreza y subdesarrollo a Nepal, Afganistán).  La inseguridad alimentaria afecta al 20% de la población. Uno de cada cuatro niños menores de cinco años aún se ve afectado por problemas de crecimiento. A pesar de los avances en las mejoras de la expectativa de vida de la población, el sistema de salud sigue arrastrando problemas que afecta especialmente a las poblaciones rurales. Aspectos culturales, son también un factor que condiciona el desarrollo del país, donde la práctica de la división por castas continúa, la brecha de género. El Banco Mundial señaló en un informe de 2024, que el 20% de la población nepalí está en situación de pobreza extrema, situación que permanece inamovible desde hace más de diez años.

El interés de Nueva Delhi por la situación que vive Nepal, se debe a su posición geográfica. Este pequeño país enclavado en las montañas, limita con dos poderosos vecinos, no solo por su peso económico a nivel global, sino por ser los más poblados del mundo (China e India).

En los últimos años, Pekín tiene un papel relevante en el desarrollo económico de Nepal, especialmente con inversiones en la construcción de complejos hidroeléctricos, incorporación de dicho país a la Iniciativa del Cinturón y la Ruta. El papel chino en la economía nepalí, se ve potenciado por la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de cancelar un proyecto de US$ 500 millones destinados al desarrollo de la red eléctrica nepalí.  El enorme potencial hidroeléctrico del país, valoriza su posición geopolítica, ante India y China, cuyas economías en expansión demandan cada día más energía. En el caso chino, el desarrollo del sector energético nepalí se inserta con sus políticas en Tíbet, donde están en marcha ambiciosos proyectos de construcción de plantas de energía hidroeléctrica. Esto tiene también su impacto político, dado que Katmandú reconoce el control chino sobre la región tibetana, alejando cualquier fantasma de apoyo al gobierno en el exilio del Dalai Lama.

Primer Ministro Oli, que renunció en la crisis de septiembre de 2025.

India mantiene fuertes lazos culturales, históricos, de seguridad como económicos, que sin ninguna duda llevará a tener una mayor injerencia para que el vecino nepalí supere la crisis. En estos días, Katmandú tiene un vacío de poder y con instituciones sumamente debilitadas por una drástica pérdida de legitimidad. Las relaciones indo nepalíes han atravesado altibajos, por el creciente discurso nacionalista anti India, país que históricamente tuvo una fuerte influencia en Nepal, el bloqueo de fronteras por diferencias en materia de política comercial y el temor que Nueva Delhi a través de proyectos hidroeléctricos, perjudique los intereses nepalíes sobre el control de ríos y cuencas, junto con los condicionantes de vetar la compra de energía eléctrica producida por obras donde existan intereses chinos.  En 2015, el primer ministro indio presionó abiertamente por la vigencia de la Constitución nepalí incluso impuso sanciones, agregándose la existencia de disputas por la delimitación de fronteras. El acuerdo de exportar energía a Bangladesh, forma parte de la estrategia nepalí de reducir la dependencia e influencia que tiene India.  La crisis que atraviesa Nepal ante la caída del primer ministro Oli, abre las puertas para que Pekín como Nueva Delhi, intenten explotarlo a su favor. Esto pone en duda la tradicional política de no alineamiento y evitar que alguno de los dos poderosos vecinos incremente su influencia, condicionando aún más el limitado margen de maniobra externo de Nepal.

El primer rey nepalí Prithvi Narayan Shah.

Nepal: una nación entre “dos rocas”.

La República Democrática Federal de Nepal, es una nación que forma parte del subcontinente indio con unos 30 millones de habitantes y 146.516 km2. El idioma predominante es el nepalí y la mayor parte de la población es hinduista. Estamos ante un país multiétnico, con más de un centenar de grupos e idiomas.  Históricamente su política estuvo condicionada por China e India, como lo definió en el siglo XVIII, el rey Prithvi Narayan Shah calificó a Nepal de «un ñame entre dos rocas».

Existen referencias sobre el Valle de Nepal, en los escritos indios de hace más de dos mil años.  Buda nació en Lumbini, en el actual Nepal. Culturalmente el país estuvo vinculado a la llanura del Ganges. Hacia el siglo IV o V d.C. se instaló la dinastía Licchavi, de origen indio, que impuso su gobierno sobre una población mayoritariamente de otras etnias no indias.  Entre los años 500 a 700 d.C se abrió el intercambio con Tíbet, con un intenso intercambio cultural, comercial y político. A partir del siglo VII se iniciaron los contactos con China, interrumpidos por los conflictos entre tibetanos y chinos.

La dinastía Malla (siglos X – XVIII) a diferencias de sus antecesores, extendió los códigos y valores brahmánicos a sus súbditos, que en su inmensa mayoría no eran de origen indio.  En el siglo XV el rey Yaksha Malla dividió el reino entre sus hijos, dando origen a los principados Katmandú, Patan y Bhaktapur (Bhadgaon). Estos coexistían con otros principados menores ubicados en zonas montañosas del este y oeste del país, cuya existencia y autonomía dependía en gran parte de los delicados juegos de poder entre los principales estados nepalíes. En todos los casos estaban en manos de gobernantes indios. A principios del siglo XVIII, uno de estos estados, Gorkha (o Gurja) se impuso al resto de los principados y de la mano de su gobernante en 1769, Prithvi Narayan Shah, unificó el país y estableció la capital en Katmandú, dando origen a lo que hoy conocemos como Nepal.  El proceso centralizador se vio limitado por las relaciones entre la elite gobernante y los liderazgos de los territorios periféricos del país, donde la autoridad central tenía una presencia limitada.

La política nepalí entre 1775 a 1851 estuvo marcada por los conflictos entre la familia real y poderosas familias nobles, llegando en diversas etapas que el rey tuviera un rol simbólico, cuando el poder real caía en manos de una poderosa familia, como el caso de los Rana (1846-1951), que no trajo estabilidad, sino más bien pugnas de poder, destacándose la ausencia de un sistema institucional sólido.  Ello no impidió que el reino nepalí buscara expandirse, librando una serie de guerras China y el Tíbet (1788-1792), con el reino sij en el Punjab (1809), India británica (1814-1816), y nuevamente con el Tíbet (1854-1856), quedando el país reducido a los límites actuales.  La presencia británica en India fue visto como una amenaza real, zanjada en parte por la familia Rana, por un acuerdo en el cual, la política exterior estaría orientada por Londres y habilitar el reclutamiento de soldados nepalíes – los célebres gurkas – para los regimientos británicos en India.

La poderosa familia Rana

La salida de los británicos de la India, en 1947, perjudicó la familia Rana y el rey Tribhuvan con apoyo popular y del nuevo gobierno de Nueva Delhi, derrocaron a esta dinastía que controlaba el puesto de primer ministro de carácter hereditario de hecho.  En 1959 se formó el primer gobierno constitucional liderado por el Partido del Congreso, pero pronto entró en conflicto con el rey Mahendra (1955-1972) que derivó en la implantación de un régimen autoritario con la nueva constitución de 1962. Los principales líderes del Partido del Congreso fueron encarcelados.  Así nació el régimen del Panchayat. Este sistema sin partidos políticos, con cuatro niveles de gobierno, formado por consejos locales, de distrito y regionales. Solo eran electos de manera directa los consejos de aldea. El Parlamento nacional, estaba formado por representantes de distintos sectores sociales, regionales y designados por el rey.  En 1980, el rey Birendra, inició un tímido proceso de liberalización con la elección directa de los diputados del parlamento, manteniendo el sistema sin partidos políticos.  Las protestas y la impopularidad del sistema, motivaron la apertura de los 90, permitiendo los partidos políticos, derogando la dura legislación de seguridad y fue designado como primer ministro Krishna Prasad Bhattarai, con participación de partidos de izquierda.

La insurgencia maoísta en Nepal

La inestabilidad política del nuevo régimen parlamentario, fue una pugna entre la monarquía, el gobierno parlamentario, el Partido del Congreso que controlaba el poder y la oposición de izquierda formada por el partido maoísta Partido Comunista de Nepal, que derivó en situaciones de violencia y abrió las puertas para la guerra civil. Los líderes de las organizaciones armadas fueron el Dr. Baburam Bhattarai y Pushpa Kamal Dahal, creando en las localidades que controlaban un nuevo gobierno.

KATHMANDU : FILE–Nepal’s Crown Prince Dipendra is shown in this Dec. 29, 2000 file photo. Crown Prince Dipendra opened fire Friday night, June 1, 2001, at the Narayanhiti Royal Palace, killing King Birendra, Queen Aiswarya and members of the royal family before shooting himself, according to military official Saturday, June 2. AP/PTI

En junio de 2001, fue noticia en todo el mundo la masacre de la familia real, en manos del príncipe heredero Dipendra, costándole la vida al rey Birendra y su esposa y a los hijos menores del matrimonio real. Bajo efectos de la droga y el alcohol asesinó a gran parte de su familia en el Palacio Real, para luego intentar quitarse la vida (estuvo en agonía por tres días). El hecho estuvo lleno de conjeturas e interrogantes. El hermano del rey muerto, Gyanendra asumió al trono, quién asumió poderes dictatoriales para poder lidiar con la rebelión maoísta.

Nepal’s King Birendra (C) and Queen Aishwarya (L) are seen in New Delhi in this January 25, 1999 file photo. King Birendra and Queen Aishwarya and other relatives have been assassinated in a shoot-out at the royal palace in Kathmandu it is being reported by the Nepali Times newspaper June 2, 2001 REUTERS/Kamal Kishore/File photo

La guerra civil costó la vida de 17.000 personas. El conflicto se caracterizó por innumerables atropellos a los derechos humanos. La insurgencia controló los espacios rurales, cercando al gobierno real en las grandes ciudades. En 2006 estalló una huelga general en todo el país, mientras que la guerrilla bloqueaba la capital. En noviembre de ese año hay un acuerdo de paz con auspicios de la ONU y los rebeldes se integraron en un gobierno de unidad nacional. La asamblea constituyente electa en 2007, abolió la monarquía y el país se convirtió en una república federal de corte parlamentario.

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